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Ministerios de Cartón

Ser llamado por Dios es un privilegio hermoso, pero también es una gran responsabilidad. Cuando eres escogido y echas a correr un “ministerio”, sientes que tu vida cobra otro sentido, te sientes especial, útil y hasta con cierto grado de autoridad sobre muchas cosas. Y sí, antes que te lo preguntes, yo también me he sentido de esta manera. ¡Se siente muy genial! Y es que para que Dios se interese en ti solo necesitas tener un corazón dispuesto y fiel a Él, que sea capaz de obedecerle y que puedas hacer cumplir su voluntad en esta tierra. ¡Y, claro! Tus talentos y capacidades son importantes para cumplir ciertos objetivos, pero caen automáticamente al piso cuando las intenciones de tu corazón están en el lugar equivocado. ¡Así que permíteme dar el primer golpe de estado en este blog! Tener un llamado no te hace ser MEJOR que los demás.

¡SERVIR! Ese es el verdadero sinónimo de “ministerio”. ¡Servir, señores! Cuando Jesús anduvo en la tierra no hizo otra cosa que servir a los más o menos afortunados. ¿Y sabes cuál fue la razón principal? AMOR, un amor desinteresado. Salvó y sanó a miles y miles de personas, y a la misma vez entregó su vida por los mismos que lo azotaron y lo llevaron al madero. Sin reconocimientos, sin lujos, sin riquezas, sin tecnología, sin seguidores en una red social y con toda su humanidad a flor de piel, el hijo de Dios alcanzó una fama entre los hombres que tú y yo no podríamos alcanzar en 10 vidas. Esa humildad, ese carácter, esa integridad, esa sencillez… ¡wow! Valores incalculables que por 33 años cambiaron la historia de la humanidad. A eso le llamo haber tenido un “ministerio” perfecto. ¡A la altura! Por esto y mucho más, es imposible que su gloria sea compartida. No tendríamos la capacidad de soportar el peso de cargar esa gloria sobre nuestros hombros.

¿Qué nos ha pasado? En varias ocasiones escuché a mi padre decir que el mayor ejemplo de servicio es el de Jesús. ¡Sí! El mismo Jesús del que hablamos en nuestras canciones, del que predicamos en nuestros mensajes y hasta del que hablamos en nuestras publicaciones de Facebook o Instagram. ¡Ese Jesús! Esa misma persona que está constantemente en nuestra boca, pero demasiado lejos de nuestro corazón. Es curioso como pretendemos crear un romance entre Dios y el mundo y a la misma vez alejamos a Dios de nuestro mundo con nuestras actitudes y nuestros deseos.


Siendo parte de este “universo ministerial” he visto como día tras día el cuerpo de Cristo se deteriora más y más mientras la necesidad a nuestro alrededor aumenta. Es como caer en una mediocridad inconscientemente. Ahora resulta que la unidad es un lujo, que recibir una respuesta a una llamada o mensaje de alguien “reconocido” es un privilegio, que recibir un “repost” de tu trabajo es puro “panismo” o que para aceptar una invitación o visitar un enfermo en un hospital hay una lista de 8,000 requerimientos, que por lo general son hasta inalcanzables. En fin, ya no existe diferencia entre un "siervo de Dios" o una figura pública secular. Somos tan parecidos y predecibles que nos pasa como el camaleón, adoptamos el mismo color de la corriente del momento y se nos olvida lo más importante… ¡SERVIR! Sin que muchas veces sean nuestras intenciones, vamos detrás de los panes y los peces y perdemos de vista la fuente de todo que es Cristo. Nos alejamos lentamente de esos valores que deben ser nuestra inspiración y nuestro modelo a seguir. Así como lo hizo Jesús.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. Mateo 11:12. Leo este versículo y pienso, ¿Dónde están esos violentos? ¿Dónde? Ser violento no es actuar a la fuerza o en contra de la autoridad, ser "violento" en el Reino de Dios es mantenerse firme en su palabra a pesar de nuestros propios deseos, conectar nuestro corazón a su corazón. Nosotros somos fieles a Él y Él será fiel a nosotros. Fieles a su ejemplo, fieles a su llamado. Poner su voluntad en primer lugar y no la mía, traerá a a mi vida innumerables tesoros y bendiciones, lo mismo debe pasar contigo. ¿Dónde realmente está nuestro corazón? ¿Qué estamos persiguiendo? ¿Qué queremos alcanzar?

Te comparto estos 10 valores que personalmente he identificado como herramientas para poder mantener un ministerio sano y efectivo.

1. HUMILDAD. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Filipenses 2:3


2. ACCESIBILIDAD. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. Hebreos 4:16


3. SENSIBILIDAD. En conclusión, sed todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde. 1 Pedro 3:8


4. EXCELENCIA. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que traza bien la palabra de verdad. 2 Timoteo 2:15


5. EMPATIA (Celebra las victorias de los demás). Gozaos con los que se gozan y llorad con los que lloran. Romanos 12:15


6. INTEGRIDAD. Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad. Filipenses 4:8


7. RESPETO. Hacer acepción de personas no es bueno, pues por un bocado de pan el hombre pecará. Proverbios 28:21


8. SERVICIO. Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Marcos 10:45


9. TOLERANCIA. Aceptad al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones. Romanos 14:1


10. AMOR. Hagan todo con amor. 1 Corintios 16:14


Necesitamos hacer la diferencia con nuestro ejemplo y no con nuestras palabras. Tener un ministerio de cartón o de apariencias puede funcionarnos por cierto tiempo, pero a la que caiga la primera lluvia o llegue la primera tormenta se desvanecerá, no quedará nada. No es posible que brillemos y seamos luz cuando el mundo sigue igual de perdido en la oscuridad. ¡Algo debe estar pasando! ¿Dónde está cimentado nuestro llamado? Tus deseos podrán estar claros en tu mente, pero ¿llevas los deseos del Padre en tu corazón?


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